Lecturas Diarias

Lunes 17 de junio
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La voz le habló de nuevo, y le dijo: ´Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú profano.´ (Hechos 10,15)

Purificar es quitar de una cosa lo que le es extraño, dejándola en el ser y perfección que debe tener según su calidad; limpiar de toda imperfección una cosa no material.

Dios es el único que puede purificarnos. Es decir, perfeccionarnos. Por él somos puros, sin defectos. No cuentan las diferencias entre nosotros, al quitar de nosotros todo lo que nos es extraño, nos lleva a nuestra esencia, que es la misma, perfecta, porque es a su imagen y semejanza.

Con esta frase comienza la misión de Pedro, de predicar a los paganos; ya no cuentan las diferencias, Dios nos iguala.

Cornelio no era judío, pero era un hombre piadoso, que adoraba a Dios, oraba y ayudaba a los demás. Eso es lo único que cuenta, su esencia, ni su origen ni sus posibles defectos. Dios lo había purificado mediante su fe.

Profano sería lo contrario a sagrado, lo muy dado a cosas del mundo.

¿Quiénes somos nosotros para juzgar cuándo algo o alguien es sagrado o profano?

Sólo Dios tiene el poder de juzgar y purificar.

Nosotros no debemos hacer distinciones, sino que debemos predicar la Buena Noticia a todos, pertenezcan o no a nuestra comunidad de fe.

Señor, ayúdanos a no juzgar, a estar abiertos para anunciar la Buena Nueva a todos y a todas, sin distinciones, porque tú nos has purificado a todos por medio de la fe y mediante tu Hijo Jesús, y nos has hecho hermanos.

Deborah Cirigliano

Hechos 10,1-20

Lecturas Diarias

Que todas las naciones de la tierra te conozcan y te honren como lo hace tu pueblo Israel.

1 Reyes 8,41-43

 

Estas palabras fueron pronunciadas por el rey Salomón con motivo de la dedicación del templo de Jerusalén.

Este templo fue una obra majestuosa que él mandó a construir para que fuera el lugar de adoración de Dios por excelencia dentro del reino de Israel.

Una de las intensiones del rey Salomón era que el nombre de Dios trascendiera las fronteras de Israel, y que personas de otros lugares también honraran a Dios.

Mucho tiempo después Jesús retomó esta idea y explicitó el encargo de ir a todas las naciones y hacerlas sus discípulos; el mandato era incluir a “otros” que conozcan a Dios, y que Dios querría otro trato, quería que toda la humanidad conociera a Dios quien se acercó a las personas en la figura de su hijo Jesús, y les propuso un nuevo pacto.

En esta nueva relación ya no es necesario un edificio enorme y magnifico para honrarle, sino que esto se puede hacer en acciones sencillas, cotidianas. Lo pueden conocer otras personas por lo que hacemos y decimos de él, por nuestra manera de vivir y relacionarnos con los demás.

Y ya no hace falta un templo de material; Dios puede tener un templo en cada corazón, un templo de amor y de respeto, de buen trato, solidaridad, tolerancia y amabilidad.

Y todo esto es fruto de haber aceptado este nuevo pacto que nos fue ofrecido por Dios. Así de sencillo.

Beatriz M Gunzelmann

 Salmo: 117; 1 Reyes 8,41-43; Gálatas 1,1.2.6-10; Lucas 7,1-10; Agenda Evangélica: Mateo  9,35–38; 10,1. (2–4) 5–7

Living as a Temple of God

Living as a Temple of God

Ephesians 2:19-22

Consequently, you are no longer foreigners and strangers, but fellow citizens with God’s people and also members of his household, built on the foundation of the apostles and prophets, with Christ Jesus himself as the chief cornerstone. In him the whole building is joined together and rises to become a holy temple in the Lord. And in him you too are being built together to become a dwelling in which God lives by his Spirit.

Ephesians 2:19-22

In the first-century Mediterranean world, people thought they knew where the gods lived when they were on earth. The gods dwelled in temples, holy places set apart for them and the rituals associated with their worship. So, if you needed healing, you would go to the temple of Asclepius, the god of healing. Even the Jewish people, who understood that God could not be contained in any earthly building, believed that God had chosen a special temple as his home on earth (see 1 Kings 8:12-29; Isa. 66:1-2). As long as the temple in Jerusalem existed, they would make pilgrimages in order to offer praise and sacrifices (for example, Ps. 42:4).

The New Testament also teaches that God dwells in a temple (or in temples), but with a radically different sense of the nature of that temple. In 1 Corinthians 6:19, for example, the physical bodies of individual Christians are described as “temples of the Holy Spirit, who is in you.” Earlier in this letter, the Apostle Paul speaks of the Corinthian church as “God’s temple,” adding that “God’s Spirit dwells in your midst” (1 Cor. 3:16). If a pagan Roman were to ask Paul, “Where is the temple of your God?” he might answer, “Every person who has received God’s grace through faith is a temple of the living God. And every gathering of believers is God’s temple.”

Ephesians applies the temple imagery in 1 Corinthians in an expansive way. In chapter 2, verse 21, it says, “In [Christ] the whole building is joined together and rises to become a holy temple in the Lord.” The context makes it clear that this “whole building” is not an individual congregation, but rather the collection of all of God’s people throughout the cosmos. Thus, Paul’s answer to the pagan Roman’s question has an additional element: “God’s temple is the ‘whole building’ composed of all of those who belong to him through faith.”

As we consider the implications of this truth for our lives, I am impressed by the responsibility we share as Christians to live in the world in such a way that God is truly and obviously present. We are to do this individually and corporately, in our private lives and our public lives, in our families and our workplaces, in our neighborhoods and schools. I am challenged by this passage from Ephesians to consider the way I live each day. If people want to find God’s dwelling place on earth, would they think of me? Would they think of my church? Would they think of the Christian church throughout the world as the temple of God?

QUESTIONS FOR FURTHER REFLECTION: Are you living in the world in such a way that God’s presence makes a difference? Do your colleagues see in your behavior anything that would suggest you are a dwelling for God? Is your church serving as a temple in your community?

PRAYER: Holy God, what an honor to be your temple. Thank you for dwelling in me through your Spirit. Thank you for living in my church. Thank you for choosing to be present through all of your people in the world.

O Lord, it is a great honor to be your temple, but also a great responsibility. Help me to live in such a way that your presence in my life makes a real difference each day. Help my church to be a place where people come expecting to find you.

Today, I’m reminded to pray for the whole church throughout the world. May our words and deeds bear consistent and faithful witness to you, so that you might be glorified and so that people might be drawn to you through us. Amen.

Lecturas Diarias – Miércoles 29 de Mayo 2013

¿Por qué se te ocurrió hacer esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios.

Hechos 5,4
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Se puede discutir que un castigo es demasiado fuerte. Se puede discutir que un castigo no corresponde. Hasta se puede discutir que no corresponde castigar. Pero no se puede discutir que el hecho de intentar ocultar la infracción no le quita peso al error. Porque, por un lado, tarde o temprano la verdad sale a la luz. Siempre hay alguien que vio, que escuchó, que descubre. La mentira tiene, eso ya nos enseñaron nuestros padres, patas cortas. Por otro lado, aún si nos aseguramos de que ningún ser humano se entere, ante Dios no podemos esconder nada. Es más, el hecho de no cumplir con sus mandamientos es, más allá de ser un hecho punible por la ley civil, un quiebre en nuestra relación con Dios. Y eso no tiene cómo ser ocultado. Pues Dios no se deja engañar.

Ananías y Safira habían deliberadamente trasgredido el acuerdo de que todo el dinero de la venta de su terreno debía ser puesto a disposición de los apóstoles. Puede haber habido razones humanamente entendibles para hacerlo. También hoy en día podemos encontrar, para toda infracción, miles de justificativos. Pero la trasgresión deliberada y consciente de una regla de juego acordada no deja de ser una infracción que no solamente demuestra que en el fondo no estamos de acuerdo con lo acordado sino que somos capaces de romper un pacto. Y eso no tiene justificativo alguno.

¡Quiera Dios concedernos la capacidad de serle fieles a sus mandatos aún allí donde nadie nos ve!

Dichosos los que tienen hambre y sed de hacer lo que Dios exige, pues él hará que se cumplan sus deseos. (Mateo 5,6)

Annedore Venhaus
Hechos 5,1-11

POSTED BY IGLESIA EVANGÉLICA DEL RÍO DE LA PLATA ON MARTES, MAYO 28TH, 2013 IN LECTURAS DIARIAS
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