La guacamaya antes no tenía colores

En una pelea de dos de los siete dioses,  cinco de ellos se separaron buscando colores.  Dejaron solos a los que peleaban por la supremacía del Blanco o del Negro.
Uno de ellos se golpeó la cabeza,  y descubrió el rojo de la sangre.
Otro buscó la esperanza,  y sin hallarla afuera miró hacia adentro,  y halló el verde.
El cuarto dios cavo en la tierra,  y cuando lo halló le llamó café.
El quinto dios,  miró a lo lejos y encontró el color del mar: el azul.
Finalmente,  uno de ellos escuchó reír a un niño,  y le gustó tanto que se robo la risa del niño.  Y se convirtió en amarillo.
Cansados al final del día,  dejaron los colores bajo la custodia de un viejo árbol. Y se fueron a dormir.
Al otro día,  decidieron depositar los colores en un animal que los llevara a todos lados en su vuelo.  Y los guardaron en una guacamaya,  que hasta ese momento no tenía color alguno.
Y hoy la guacamaya es embajadora y custodia de la alegría de los colores,  y memoria de la búsqueda de unía dioses que nos dejaron la alegría de los colores… y se fueron a descansar.

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