Cuando las iglesias son “mundo”

“La Iglesia, sin darse cuenta, ha llegado a competir en las mismas condiciones que el mercado, esto es, ha caído en un estilo de vida competitivo” (Pedro Zamora en “La fe sencilla”, Fundación Fliedner, 2011)

 

Hace tiempo leí un libro -no recuerdo el título, ni el autor- donde se podía leer que una de las preguntas más incómodas que una persona  podía recibir era la que indagaba por sus ingresos económicos.  Y estoy totalmente de acuerdo con la afirmación que hacía mi olvidado autor. Esa es una pregunta incómoda. Si no se me cree, intenta hacerla y lo comprobarás.

Hace ya algunos unos años, demasiados, intenté indagar lo que un pastor evangélico cobraba –o contratados por las mal llamadas organizaciones “paraeclesiales”-, y en más de un caso me encontré con el silencio como respuesta, o una explicación, por decirlo suave, algo confusa. Vamos que me fue imposible realizar la investigación que me había propuesto.

Una cosa me quedó meridianamente clara: las iglesias evangélicas, en su inmensa mayoría, transparentan la sociedad en la que vivimos en relación con la desigualdad salarial entre sus ministros religiosos. Todo dependerá del número de miembros de la comunidad contratante y su capacidad económica. Aparte de eso, el despido libre y sin acceso al seguro de desempleo (ni privado, ni público) es un hecho incontestable entre los que se dedican al trabajo pastoral. El mundo eclesial evangélico transparenta una forma de capitalismo salvaje que pudiera ser la envidia de algunos ideólogos ultraliberales.

Desde la información que poseo me atrevo a afirmar que el sueldo que cobra un pastor o pastora evangélico oscila entre los mil y los dos mil euros (me consta que algunos están por debajo de los mil, y otros superan los dos mil con creces –los menos-). Es decir la desigualdad económica entre los pastores y pastoras evangélicos es un hecho, y eso no se cuestiona –al igual que no se cuestiona la escandalosa desigualdad salarial en nuestro entorno social-, sino que se asume como lo normal en el espacio eclesial evangélico. Y no olvidemos que, en la inmensa mayoría de los casos, el pastor o pastora evangélica –como cualquier hijo de vecino- tiene una familia detrás.  En mi opinión esa desigualdad económica es un escándalo.

En otro orden de cosas, no menos importantes, si acaso más, en el caso de los pastores y pastoras, la libertad de reflexión y de pensamiento queda cercenada. La actividad de reflexión teológica y ética del pastor queda ligada a la confesión de fe de la comunidad que le contrata. Si el pastor deriva hacia posturas progresistas en lo teológico y en lo moral (aunque sea de una forma tímida), con toda probabilidad, se le mostrará la puerta de la calle como premio a su desvarío teológico.

Lo digo sin ánimo de cuestionar a nadie, pero mejor no preguntes acerca de cuestiones espinosas a tu pastor o pastora, porque simplemente te responderá  de una forma políticamente correcta, o entrará en una espiral de palabras confusas. Esa es la realidad en la que vivimos. El puesto de trabajo está en juego si la respuesta va en una línea no adecuada a las  convenciones teológicas o morales propias de la comunidad contratante.

La situación eclesial que esbozo en la “opinión falible” que expongo es generadora de multitud de enfermedades socioeeclesiales, que acaban minando el espíritu de los miembros de nuestras comunidades, y evidentemente el espíritu de nuestros pastores y pastoras. Un espíritu que puede ser adjetivado, sin  género alguno de duda, de competitivo y fomentador de miedos (2 Tim. 2:7). Pero ello será materia de otra reflexión.

Soy de los que piensa que nuestra realidad eclesial debe ser transformada para mostrar otro modelo de ser iglesia más acorde con el Evangelio. Un modelo de ser Iglesia que sea iluminada por los valores del reino de Dios. Un modelo de iglesia donde no haya creyentes de primera y de segunda, donde no existan pastores de primera y de segunda.  Un modelo de iglesia solidario e igualitario, donde la piedad no es tomada como fuente de ganancia (1Ti. 2:5). Un modelo de iglesia donde se muestre respeto a la libertad de pensamiento en el marco del amor, la justicia y la misericordia”.

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Escrito por Ignacio Simal Miércoles, 15 de Junio de 2011 11:56

Tomado de: http://www.simal.es/index.php?option=com_content&view=article&id=164%3Acuando-las-iglesias-son-mundo&catid=34%3Abiblia&Itemid=63

 

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