Agustín, Agustín… Imperdible!

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Iglesias dicen: “Nos avergüenza tanta violencia”

GUATEMALA
Mayra Rodríguez

Ciudad de Guatemala, jueves, 16 de junio de 2011 (ALC) – “La vida se respeta, ¡es un don de Dios!”, gritaban unas dos mil personas que, ataviadas de blanco, con globos, banderas, cintas del mismo color y llevando fotografías de familiares víctimas de la violencia, salieron a las calles de Zacapa la tarde del viernes 10 de junio, demandando un alto a la vorágine que ha tocado a todas las familias guatemaltecas, en la que también participaron obispos, sacerdotes y pastores de la Iglesia católica, la Iglesia Luterana y la Iglesia Episcopal.

Después de una hora llegaron al Centro Educativo Juvenil Católico “La Salle”, para participar en una oración ecuménica por la justicia, la vida y la paz, celebrada por monseñor Rosolino Bianchetti, los sacerdotes Ernesto Gutiérrez, Manuel Aldana y el diácono Albino Mauro de  la Iglesia Católica; el obispo Virgilio Arreaza y el sacerdote Ramón Ovalle, de la Iglesia Episcopal región Nororiente; el reverendo José Pilar Álvarez de la Iglesia Luterana Guatemalteca, y Misael Méndez, de la Iglesia Evangélica San Juan Apóstol, en representación del Concejo Ecuménico Cristiano de Guatemala.

“Si traen alguna foto o símbolo de algún pariente o familiar que ha sido víctima de esta ola de violencia que impera en nuestro país y departamento, tráiganla a este lugar especialmente preparado para ellos”, invitaba el padre Ernesto a quienes iban entrando al Centro “La Salle” y, después de varias consignas y cantos a favor de la vida y la paz, el pastor luterano, José Pilar Álvarez, dijo que esta oración es un clamor público de los cristianos de Zacapa, que no aguantan más tanta violencia.

La reflexión central fue realizada por Monseñor Bianchetti, obispo de Zacapa y Chiquimula, quien manifestó un “basta ya a que Zacapa, Chiquimula y toda Guatemala sea el territorio de los enemigos de la vida”; dijo que “a veces tenemos la tentación de pensar que a nadie le importa la situación de violencia y pareciera que el terror domina nuestras  ciudades y comunidades, pero aquí hay una muestra que no es así y públicamente manifestamos que la vida es un regalo, un don de Dios, que debemos cuidar y de distintas formas debemos decir que este es territorio de paz”.

En la parte final de su reflexión, monseñor Bianchetti afirmó que “la iglesia se avergüenza de lo que pasa en Guatemala y que este país se conozca por noticias como la masacre sucedida en El Petén, tan parecida a lo que, años atrás, pasó en El Quiché” y agregó que “pareciera que los que lo hicieron en El Quiché, ahora lo hacen en otros lugares”. Afirmó que es importante el testimonio de diferentes iglesias y que, como discípulos de Jesús animados por Dios, se debe seguir trabajando por ese gran deseo de vida, y vida en abundancia.

Como un gesto de solidaridad y de encuentro entre los participantes y las familias que han sido víctimas de la violencia, fue encendido un cirio al cual todas y todos se acercaron para compartir la luz y, con velas encendidas, manifestar un rechazo rotundo a la violencia.

Hace un mes fueron masacrados y decapitados 27 jornaleros en el departamento de El Petén.  Zacapa es uno de los departamentos donde las armas de fuego parecieran ser parte de la vestimenta masculina. Después de la Firma de la Paz se han alcanzado promedios de hasta 24 muertes diarias en el país. La violencia y la inseguridad son de las principales preocupaciones y situaciones de alarma para la población y para la Iglesia en particular, especialmente en el actual período electoral en el que han recurrido a las armas de fuego para eliminar a los contrincantes en la palestra política.

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Tomado de: http://www.alcnoticias.net/interior.php?codigo=19765&lang=687

10 Enfermedades de Transmisión Espiritual

Es una jungla allá afuera, y esto no es menos cierto acerca de la vida espiritual que en cualquier otro aspecto de la vida. ¿Realmente piensan que sólo porque alguien ha estado meditando durante cinco años, o ha practicado yoga por 10 años, que va a ser menos neurótico que otra persona? A lo sumo, tal vez será un poco más consciente de ello. Sólo un poco.

Es por esta razón por la que pasé los últimos 15 años de mi vida investigando y escribiendo libros sobre el cultivo de discernimiento en el camino espiritual en todas las áreas arenosas – el poder, el sexo, la iluminación, los gurús, los escándalos, la psicología, la neurosis -, así en serio, pero simplemente confundidos e inconscientes, las motivaciones en el camino. Mi compañero (autor y profesor Marc Gafni) y yo estamos desarrollando una nueva serie de libros, cursos y prácticas para ofrecer clarificaciones sobre estos temas.

Hace varios años pasé un verano viviendo y trabajando en Sudáfrica. A mi llegada, fui confrontada de inmediato por la visceral realidad que estaba en un país con la más alta tasa de homicidios del mundo, donde la violación era común y más de la mitad de la población era VIH-Positivo – hombres y mujeres, gays y heterosexuales por igual.

Así como he llegado a conocer a cientos de maestros y practicantes espirituales a través de mi trabajo y viajes, he sido sorprendida por la forma en que nuestros puntos de vista, perspectivas y experiencias espirituales llegan, de manera similar, a verse “infectados” por “contaminantes conceptuales” – esto comprende desde una relación confusa e inmadura hasta los complejos principios espirituales que pueden ser vistos tan invisible e insidiosos como una enfermedad de transmisión sexual.

Los siguientes 10 categorizaciones no están destinados a ser definitivas, pero se ofrecen como una herramienta para la toma de conciencia de algunas de las enfermedades de transmisión espiritual más comunes.

  1. Espiritualidad tipo Comida Rápida: mezcle la espiritualidad mezclada con una cultura que celebra la velocidad, la multitarea y la gratificación instantánea, y el resultado es probablemente la espiritualidad de la comida rápida. La espiritualidad de la comida rápida es un producto de la común y comprensible fantasía que el alivio del sufrimiento de nuestra condición humana puede ser rápido y fácil. Una cosa, sin embargo, está clara: la transformación espiritual no se puede hallar en una solución rápida.
  2. Falsa Espiritualidad o Espiritualidad de Imitación: la espiritualidad de imitación es la tendencia a hablar, vestirse y actuar como nos imaginamos lo haría una persona espiritual. Es una especie de imitación de la espiritualidad que hace mímica  de la realización espiritual en la forma en que la cuerina estampada como piel de leopardo imita a la auténtica piel de un leopardo.
  3. Espiritualidad de Motivaciones Confundidas: A pesar que nuestro deseo de crecer es genuino y puro, a menudo se mezcla con motivos menores, incluyendo el deseo de ser amado, el deseo de pertenecer, la necesidad de llenar nuestro vacío interior, la creencia de que el camino espiritual nos liberará de nuestros sufrimientos y la ambición espiritual, el deseo de ser especial, de ser mejor que, de ser “el único”.
  4. Identificarse con las Experiencias Espirituales: En esta enfermedad, el ego se identifica con nuestra experiencia espiritual y lo toma como propio, y empezamos a creer que encarnamos ideas que han surgido dentro de nosotros en determinados momentos. En la mayoría de los casos, esto no dura indefinidamente, aunque tiende a durar más tiempo en los que se creen iluminados y/o que fungen como maestros espirituales.
  5. El Ego Espiritualizado: Esta enfermedad se produce cuando la misma estructura de la personalidad del ego llega a estar profundamente arraigada en conceptos e ideas espirituales. El resultado es una estructura del ego “a prueba de balas”. Cuando el ego llega a espiritualizarse, somos invulnerables a la ayuda, a nuevos conceptos, aportes o críticas constructivas. Nos convertimos en seres humanos impenetrables y atrofiamos  el desarrollo de nuestro crecimiento espiritual, ¡y todo en nombre de la espiritualidad!
  6. La Producción en Masa de Maestros Espirituales: Hay una serie de tradiciones espirituales de moda producidas por personas que se creen en el nivel de la iluminación espiritual, o los amos; es decir, personas que están  más allá de su nivel real. Esta enfermedad funciona como una cinta transportadora espiritual: póngase bajo este resplandor, alcance esta visión, y – ¡zas! – usted será iluminado y estará listo para iluminar a otros en forma similar. El problema no es que tales maestros instruyan, sino que ellos mismos se presentan como habiendo ya alcanzado el dominio espiritual.
  7. El Orgullo Espiritual: el orgullo espiritual se produce cuando el practicante, a través de años de esfuerzo y trabajo, realmente ha alcanzado un cierto nivel de sabiduría y usa este logro para justificar el cierre a nuevas experiencias. La sensación de “superioridad espiritual” es otro síntoma de esta enfermedad de transmisión espiritual. Se manifiesta como una sutil sensación de “Yo soy mejor, más sabios y más arriba que otros, porque Yo soy espiritual”.
  8. Espíritu de grupo: También es conocida como pensamiento de grupomentalidad de culto enfermedad de ashram. La mentalidad de grupo es un virus insidioso que contiene muchos elementos tradicionales de codependencia. Un grupo espiritual hace acuerdos sutiles e inconscientes con respecto a la forma correcta de pensar, hablar, vestir y actuar. Los individuos y los grupos infectados con la “mentalidad de grupo “ rechazan a individuos, actitudes y circunstancias que no se ajusten a las normas -a menudo no escritas- del grupo.
  9. Complejo de Personas/Pueblo Elegidas: El complejo de pueblo elegido no se limita a los Judíos. Es la creencia que “Nuestro grupo espiritualmente es más evolucionado, potente, inteligente y, en pocas palabras, mejor que cualquier otro grupo”. Hay una importante diferencia entre el reconocimiento de haber hallado por sí mismos el camino, el profesor o la comunidad correcto, y el haber hallado “El Único”.
  10. El Virus Mortal “¡Ya He llegado”: Esta enfermedad es tan potente que tiene la capacidad de ser terminal y mortal para nuestra evolución espiritual. Esta es la creencia de que “he llegado” a la meta final del camino espiritual. Nuestro progreso espiritual termina en el punto donde esta creencia se cristaliza en nuestra psique. En el momento en que empezamos a creer que hemos llegado al final del camino, cesa un mayor crecimiento.

“La esencia del amor es la percepción”, de acuerdo con las enseñanzas de Marc Gafni, “Por tanto, la esencia del amor propio es la auto percepción. Uno sólo puede enamorarse de alguien que puede ver con claridad – incluyéndose a uno mismo. Amar es tener para ver. Sólo cuando usted se ve claramente, es que usted puede comenzar a amarse a sí mismo”.

 

En el espíritu de la enseñanza de Marc, yo creo que una parte fundamental de aprender a discernir en el camino espiritual es descubrir las enfermedades del ego que todo lo invade y el auto engaño que está en todos nosotros. Ahí es cuando necesitamos el sentido del humor y el apoyo de amigos realmente espirituales. A medida que nos enfrentamos a nuestros obstáculos para crecer espiritualmente, hay ocasiones en que es fácil caer en una sensación de desesperación y auto disminución,  y perder nuestra confianza en el camino. Debemos mantener la fe, en nosotros mismos y en los demás, con el fin de hacer realmente una diferencia en este mundo.

Mis vacunas (las mías, las de Daniel): para estar vacunados contra estas Enfermedades de Transmisión Espiritual, te recomiendo que ejercites el discernimiento -un remedio muy antiguo pero poco usado- en las siguientes áreas:

  1. Una espiritualidad de Vida y Anti-Muerte: Jesús afirmó que él había venido a traer vida plena para todos y todas (Juan 10.10). Esa espiritualidad que analizas, ¿comunica un mensaje de  vida plena para todos y todas? ¿Afirma la vida plena para todas las personas y en todas situación?  ¿Se posiciona en la línea de lucha contra todas las armas de muerte que se manifiestan en nuestra sociedad actual, aún con aquellos que no pertenecen a su grupo o convicciones?
  2. Una espiritualidad de Libertad y Anti-Opresión: Dios, al presentársele a Moisés, le dijo que Él había descendido para liberar a los israelitas oprimidos en Egipto (Exodo 3.8ss). Esa espiritualidad que analizas,   ¿promueve la libertad de pensamiento, opción y elección para todas las personas, aún las que no pertenecen a su grupo? ¿Se oponen activamente a todas forma de esclavitud y opresión en su cultura y contexto? ¿Conforma comunidades de gracia y libertad, en las  cuales se superen estructuras jerárquicas y se prioricen interrelaciones horizontales de respeto y valoración mutua?
  3.  Una espiritualidad de Justicia para Todos y Todas. Dios nos ha justificado en Jesucristo, dice el apóstol Pablo. Y espera que cada uno de sus hijos e hijas “sean justos los unos con los otros, que sean bondadosos con los más débiles, y que lo adoren como su único Dios” (Miqueas 6.8 – TLA). Esa espiritualidad que analizas,  ¿se sustenta y promueve la justicia como forma de relación humana básica? ¿Sus seguidores son reconocidos como personas justas y éticas en las áreas de su vida?

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Por Mariana Caplan, PhD

Tomado y traducido de: http://www.huffingtonpost.com/mariana-caplan-phd/spiritual-living-10-spiri_b_609248.html

“Democracia Real Ya!” – Una propuesta de España, con posibles aportes y desafíos a nuestros propios contextos.

Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.

Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie. Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:

  • Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.
  • Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz.
  • El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.
  • La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE.
  • El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.
  • La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.
  • Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo.
  • Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.
  • Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro.
Por todo lo anterior, estoy indignado.
Creo que puedo cambiarlo.
Creo que puedo ayudar.
Sé que unidos podemos.
Sal con nosotros.
Es tu derecho.
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“There is Much More to Say” – Noam Chomsky sobre el asesinato de Osama Bin Laden”

There is Much More to Say
Noam Chomsky
ZNet, May 2011

  • Nota Personal: este es un post no muy reciente, pero viniendo de quien viene (uno de los más claros y provocativos pensadores de la política y la lingüística estadounidense, que no deja de tener detractores y admiradores) me parece oportuno compartirlo para que pensemos un poco sobre los acontecimientos vistos “desde otro lado”). Daniel

After the assassination of bin Laden I received such a deluge of requests for comment that I was unable to respond individually, and on May 4 and later I sent an unedited form response instead, not intending for it to be posted, and expecting to write it up more fully and carefully later on. But it was posted, then circulated. It can now be found, reposted, at http://www.zcommunications.org/my-reaction-to-osama-bin-laden-s-death-by-noam-chomsky.

That was followed but a deluge of reactions from all over the world. It is far from a scientific sample of course, but nevertheless, the tendencies may be of some interest. Overwhelmingly, those from the “third world” were on the order of “thanks for saying what we think.” There were similar ones from the US, but many others were infuriated, often virtually hysterical, with almost no relation to the actual content of the posted form letter. That was true in particular of the posted or published responses brought to my attention. I have received a few requests to comment on several of these. Frankly, it seems to me superfluous. If there is any interest, I’ll nevertheless find some time to do so.

The original letter ends with the comment that “There is much more to say, but even the most obvious and elementary facts should provide us with a good deal to think about.” Here I will fill in some of the gaps, leaving the original otherwise unchanged in all essentials.

Noam Chomsky

May 2011
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On May 1, 2011, Osama bin Laden was killed in his virtually unprotected compound by a raiding mission of 79 Navy Seals, who entered Pakistan by helicopter. After many lurid stories were provided by the government and withdrawn, official reports made it increasingly clear that the operation was a planned assassination, multiply violating elementary norms of international law, beginning with the invasion itself.

There appears to have been no attempt to apprehend the unarmed victim, as presumably could have been done by 79 commandos facing no opposition – except, they report, from his wife, also unarmed, who they shot in self-defense when she “lunged” at them (according to the White House).

A plausible reconstruction of the events is provided by veteran Middle East correspondent Yochi Dreazen and colleagues in the Atlantic (http://www.theatlantic.com/politics/archive/2011/05/goal-was-never-to-capture-bin-laden/238330/). Dreazen, formerly the military correspondent for the Wall Street Journal, is senior correspondent for the National Journal Group covering military affairs and national security. According to their investigation, White House planning appears not to have considered the option of capturing OBL alive: “The administration had made clear to the military’s clandestine Joint Special Operations Command that it wanted bin Laden dead, according to a senior U.S. official with knowledge of the discussions. A high-ranking military officer briefed on the assault said the SEALs knew their mission was not to take him alive.”

The authors add: “For many at the Pentagon and the Central Intelligence Agency who had spent nearly a decade hunting bin Laden, killing the militant was a necessary and justified act of vengeance.” Furthermore, “Capturing bin Laden alive would have also presented the administration with an array of nettlesome legal and political challenges.” Better, then, to assassinate him, dumping his body into the sea without the autopsy considered essential after a killing, whether considered justified or not – an act that predictably provoked both anger and skepticism in much of the Muslim world.

As the Atlantic inquiry observes, “The decision to kill bin Laden outright was the clearest illustration to date of a little-noticed aspect of the Obama administration’s counterterror policy. The Bush administration captured thousands of suspected militants and sent them to detention camps in Afghanistan, Iraq, and Guantanamo Bay. The Obama administration, by contrast, has focused on eliminating individual terrorists rather than attempting to take them alive.” That is one significant difference between Bush and Obama. The authors quote former West German Chancellor Helmut Schmidt, who “told German TV that the U.S. raid was ‘quite clearly a violation of international law’ and that bin Laden should have been detained and put on trial,” contrasting Schmidt with US Attorney General Eric Holder, who “defended the decision to kill bin Laden although he didn’t pose an immediate threat to the Navy SEALs, telling a House panel on Tuesday that the assault had been ‘lawful, legitimate and appropriate in every way’.”

The disposal of the body without autopsy was also criticized by allies. The highly regarded British barrister Geoffrey Robertson, who supported the intervention and opposed the execution largely on pragmatic grounds, nevertheless described Obama’s claim that “justice was done” as an “absurdity” that should have been obvious to a former professor of constitutional law (http://www.thedailybeast.com/blogs-and-stories/2011-05-03/osama-bin-laden-death-why-he-should-have-been-captured-not-killed/). Pakistan law “requires a colonial inquest on violent death, and international human rights law insists that the ‘right to life’ mandates an inquiry whenever violent death occurs from government or police action. The U.S. is therefore under a duty to hold an inquiry that will satisfy the world as to the true circumstances of this killing.” Robertson adds that “The law permits criminals to be shot in self-defense if they (or their accomplices) resist arrest in ways that endanger those striving to apprehend them. They should, if possible, be given the opportunity to surrender, but even if they do not come out with their hands up, they must be taken alive if that can be achieved without risk. Exactly how bin Laden came to be ‘shot in the head’ (especially if it was the back of his head, execution-style) therefore requires explanation. Why a hasty ‘burial at sea’ without a post mortem, as the law requires?”

Robertson attributes the murder to “America’s obsessive belief in capital punishment—alone among advanced nations—[which] is reflected in its rejoicing at the manner of bin Laden’s demise.” For example, Nation columnist Eric Alterman writes that “The killing of Osama bin Laden was a just and necessary undertaking.”

Robertson usefully reminds us that “It was not always thus. When the time came to consider the fate of men much more steeped in wickedness than Osama bin Laden — namely the Nazi leadership — the British government wanted them hanged within six hours of capture. President Truman demurred, citing the conclusion of Justice Robert Jackson that summary execution ‘would not sit easily on the American conscience or be remembered by our children with pride…the only course is to determine the innocence or guilt of the accused after a hearing as dispassionate as the times will permit and upon a record that will leave our reasons and motives clear’.”

The editors of the Daily Beast comment that “The joy is understandable, but to many outsiders, unattractive. It endorses what looks increasingly like a cold-blooded assassination as the White House is now forced to admit that Osama bin Laden was unarmed when he was shot twice in the head.”

In societies that profess some respect for law, suspects are apprehended and brought to fair trial. I stress “suspects.” In June 2002, FBI head Robert Mueller, in what the Washington Post described as “among his most detailed public comments on the origins of the attacks,” could say only that “investigators believe the idea of the Sept. 11 attacks on the World Trade Center and Pentagon came from al Qaeda leaders in Afghanistan, the actual plotting was done in Germany, and the financing came through the United Arab Emirates from sources in Afghanistan…. We think the masterminds of it were in Afghanistan, high in the al Qaeda leadership.” What the FBI believed and thought in June 2002 they didn’t know eight months earlier, when Washington dismissed tentative offers by the Taliban (how serious, we do not know) to extradite bin Laden if they were presented with evidence. Thus it is not true, as the President claimed in his White House statement, that “We quickly learned that the 9/11 attacks were carried out by al Qaeda.”

There has never been any reason to doubt what the FBI believed in mid-2002, but that leaves us far from the proof of guilt required in civilized societies – and whatever the evidence might be, it does not warrant murdering a suspect who could, it seems, have been easily apprehended and brought to trial. Much the same is true of evidence provided since. Thus the 9/11 Commission provided extensive circumstantial evidence of bin Laden’s role in 9/11, based primarily on what it had been told about confessions by prisoners in Guantanamo. It is doubtful that much of that would hold up in an independent court, considering the ways confessions were elicited. But in any event, the conclusions of a congressionally authorized investigation, however convincing one finds them, plainly fall short of a sentence by a credible court, which is what shifts the category of the accused from suspect to convicted. There is much talk of bin Laden’s “confession,” but that was a boast, not a confession, with as much credibility as my “confession” that I won the Boston marathon. The boast tells us a lot about his character, but nothing about his responsibility for what he regarded as a great achievement, for which he wanted to take credit.

Again, all of this is, transparently, quite independent of one’s judgments about his responsibility, which seemed clear immediately, even before the FBI inquiry, and still does.

It is worth adding that bin Laden’s responsibility was recognized in much of the Muslim world, and condemned. One significant example is the distinguished Lebanese cleric Sheikh Fadlallah, greatly respected by Hizbollah and Shia groups generally, outside Lebanon as well. He too had been targeted for assassination: by a truck bomb outside a mosque, in a CIA-organized operation in 1985. He escaped, but 80 others were killed, mostly women and girls, as they left the mosque – one of those innumerable crimes that do not enter the annals of terror because of the fallacy of “wrong agency.” Sheikh Fadlallah sharply condemned the 9/11 attacks, as did many other leading figures in the Muslim world, within the Jihadi movement as well. Among others, the head of Hizbollah, Sayyid Hassan Nasrallah, sharply condemned bin Laden and Jihadi ideology.

One of the leading specialists on the Jihadi movement, Fawaz Gerges, suggests that the movement might have been split at that time had the US exploited the opportunity instead of mobilizing the movement, particularly by the attack on Iraq, a great boon to bin Laden, which led to a sharp increase in terror, as intelligence agencies had anticipated. That conclusion was confirmed by the former head of Britain’s domestic intelligence agency MI5 at the Chilcot hearings investigating the background for the war. Confirming other analyses, she testified that both British and US intelligence were aware that Saddam posed no serious threat and that the invasion was likely to increase terror; and that the invasions of Iraq and Afghanistan had radicalized parts of a generation of Muslims who saw the military actions as an “attack on Islam.” As is often the case, security was not a high priority for state action.

It might be instructive to ask ourselves how we would be reacting if Iraqi commandos landed at George W. Bush’s compound, assassinated him, and dumped his body in the Atlantic (after proper burial rites, of course). Uncontroversially, he is not a “suspect” but the “decider” who gave the orders to invade Iraq — that is, to commit the “supreme international crime differing only from other war crimes in that it contains within itself the accumulated evil of the whole” (quoting the Nuremberg Tribunal) for which Nazi criminals were hanged: in Iraq, the hundreds of thousands of deaths, millions of refugees, destruction of much of the country and the national heritage, and the murderous sectarian conflict that has now spread to the rest of the region. Equally uncontroversially, these crimes vastly exceed anything attributed to bin Laden.

To say that all of this is uncontroversial, as it is, is not to imply that it is not denied. The existence of flat earthers does not change the fact that, uncontroversially, the earth is not flat. Similarly, it is uncontroversial that Stalin and Hitler were responsible for horrendous crimes, though loyalists deny it. All of this should, again, be too obvious for comment, and would be, except in an atmosphere of hysteria so extreme that it blocks rational thought.

Similarly, it is uncontroversial that Bush and associates did commit the “supreme international crime,” the crime of aggression, at least if we take the Nuremberg Tribunal seriously. The crime of aggression was defined clearly enough by Justice Robert Jackson, Chief of Counsel for the United States at Nuremberg, reiterated in an authoritative General Assembly resolution. An “aggressor,” Jackson proposed to the Tribunal in his opening statement, is a state that is the first to commit such actions as “Invasion of its armed forces, with or without a declaration of war, of the territory of another State….” No one, even the most extreme supporter of the aggression, denies that Bush and associates did just that.

We might also do well to recall Jackson’s eloquent words at Nuremberg on the principle of universality: “If certain acts of violation of treaties are crimes, they are crimes whether the United States does them or whether Germany does them, and we are not prepared to lay down a rule of criminal conduct against others which we would not be willing to have invoked against us.” And elsewhere: “We must never forget that the record on which we judge these defendants is the record on which history will judge us tomorrow. To pass these defendants a poisoned chalice is to put it to our own lips as well.”

It is also clear that alleged intentions are irrelevant. Japanese fascists apparently did believe that by ravaging China they were laboring to turn it into an “earthly paradise.” We don’t know whether Hitler believed that he was defending Germany from the “wild terror” of the Poles, or was taking over Czechoslovakia to protect its population from ethnic conflict and provide them with the benefits of a superior culture, or was saving the glories of the civilization of the Greeks from barbarians of East and West, as his acolytes claimed (Martin Heidegger). And it’s even conceivable that Bush and company believed that they were protecting the world from destruction by Saddam’s nuclear weapons. All irrelevant, though ardent loyalists on all sides may try to convince themselves otherwise.

We are left with two choices: either Bush and associates are guilty of the “supreme international crime” including all the evils that follow, crimes that go vastly beyond anything attributed to bin Laden; or else we declare that the Nuremberg proceedings were a farce and that the allies were guilty of judicial murder. Again, that is entirely independent of the question of the guilt of those charged: established by the Nuremberg Tribunal in the case of the Nazi criminals, plausibly surmised from the outset in the case of bin Laden.

A few days before the bin Laden assassination, Orlando Bosch died peacefully in Florida, where he resided along with his terrorist accomplice Luis Posada Carilles, and many others. After he was accused of dozens of terrorist crimes by the FBI, Bosch was granted a presidential pardon by Bush I over the objections of the Justice Department, which found the conclusion “inescapable that it would be prejudicial to the public interest for the United States to provide a safe haven for Bosch. ”The coincidence of deaths at once calls to mind the Bush II doctrine, which has “already become a de facto rule of international relations,” according to the noted Harvard international relations specialist Graham Allison. The doctrine revokes “the sovereignty of states that provide sanctuary to terrorists,” Allison writes, referring to the pronouncement of Bush II that “those who harbor terrorists are as guilty as the terrorists themselves,” directed to the Taliban. Such states, therefore, have lost their sovereignty and are fit targets for bombing and terror; for example, the state that harbored Bosch and his associate — not to mention some rather more significant candidates. When Bush issued this new “de facto rule of international relations,” no one seemed to notice that he was calling for invasion and destruction of the US and murder of its criminal presidents.

None of this is problematic, of course, if we reject Justice Jackson’s principle of universality, and adopt instead the principle that the US is self-immunized against international law and conventions — as, in fact, the government has frequently made very clear, an important fact, much too little understood.

It is also worth thinking about the name given to the operation: Operation Geronimo. The imperial mentality is so profound that few seem able to perceive that the White House is glorifying bin Laden by calling him “Geronimo” — the leader of courageous resistance to the invaders who sought to consign his people to the fate of “that hapless race of native Americans, which we are exterminating with such merciless and perfidious cruelty, among the heinous sins of this nation, for which I believe God will one day bring [it] to judgement,” in the words of the great grand strategist John Quincy Adams, the intellectual architect of manifest destiny, long after his own contributions to these sins had passed. Some did comprehend, not surprisingly. The remnants of that hapless race protested vigorously. Choice of the name is reminiscent of the ease with which we name our murder weapons after victims of our crimes: Apache, Blackhawk. Tomahawk,… We might react differently if the Luftwaffe were to call its fighter planes “Jew” and “Gypsy”.

The examples mentioned would fall under the category “American exceptionalism,” were it not for the fact that easy suppression of one’s own crimes is virtually ubiquitous among powerful states, at least those that are not defeated and forced to acknowledge reality. Other current illustrations are too numerous to mention. To take just one, of great current significance, consider Obama’s terror weapons (drones) in Pakistan. Suppose that during the 1980s, when they were occupying Afghanistan, the Russians had carried out targeted assassinations in Pakistan aimed at those who were financing, arming and training the insurgents – quite proudly and openly. For example, targeting the CIA station chief in Islamabad, who explained that he “loved” the “noble goal” of his mission: to “kill Soviet Soldiers…not to liberate Afghanistan.” There is no need to imagine the reaction, but there is a crucial distinction: that was them, this is us.

What are the likely consequences of the killing of bin Laden? For the Arab world, it will probably mean little. He had long been a fading presence, and in the past few months was eclipsed by the Arab Spring. His significance in the Arab world is captured by the headline in the New York Times for an op-ed by Middle East/al Qaeda specialist Gilles Kepel; “Bin Laden was Dead Already.” Kepel writes that few in the Arab world are likely to care. That headline might have been dated far earlier, had the US not mobilized the Jihadi movement by the attacks on Afghanistan and Iraq, as suggested by the intelligence agencies and scholarship. As for the Jihadi movement, within it bin Laden was doubtless a venerated symbol, but apparently did not play much more of a role for this “network of networks,” as analysts call it, which undertake mostly independent operations.

The most immediate and significant consequences are likely to be in Pakistan. There is much discussion of Washington’s anger that Pakistan didn’t turn over bin Laden. Less is said about the fury in Pakistan that the US invaded their territory to carry out a political assassination. Anti-American fervor had already reached a very high peak in Pakistan, and these events are likely to exacerbate it.

Pakistan is the most dangerous country on earth, also the world’s fastest growing nuclear power, with a huge arsenal. It is held together by one stable institution, the military. One of the leading specialists on Pakistan and its military, Anatol Lieven, writes that “if the US ever put Pakistani soldiers in a position where they felt that honour and patriotism required them to fight America, many would be very glad to do so.” And if Pakistan collapsed, an “absolutely inevitable result would be the flow of large numbers of highly trained ex-soldiers, including explosive experts and engineers, to extremist groups.” That is the primary threat he sees of leakage of fissile materials to Jihadi hands, a horrendous eventuality.

The Pakistani military have already been pushed to the edge by US attacks on Pakistani sovereignty. One factor is the drone attacks in Pakistan that Obama escalated immediately after the killing of bin Laden, rubbing salt in the wounds. But there is much more, including the demand that the Pakistani military cooperate in the US war against the Afghan Taliban, whom the overwhelming majority of Pakistanis, the military included, see as fighting a just war of resistance against an invading army, according to Lieven.

The bin Laden operation could have been the spark that set off a conflagration, with dire consequences, particularly if the invading force had been compelled to fight its way out, as was anticipated. Perhaps the assassination was perceived as an “act of vengeance,” as Robertson concludes. Whatever the motive was, it could hardly have been security. As in the case of the “supreme international crime” in Iraq, the bin Laden assassination illustrates that security is often not a high priority for state action, contrary to received doctrine.

There is much more to say, but even the most obvious and elementary facts should provide us with a good deal to think about.


Cuando las iglesias son “mundo”

“La Iglesia, sin darse cuenta, ha llegado a competir en las mismas condiciones que el mercado, esto es, ha caído en un estilo de vida competitivo” (Pedro Zamora en “La fe sencilla”, Fundación Fliedner, 2011)

 

Hace tiempo leí un libro -no recuerdo el título, ni el autor- donde se podía leer que una de las preguntas más incómodas que una persona  podía recibir era la que indagaba por sus ingresos económicos.  Y estoy totalmente de acuerdo con la afirmación que hacía mi olvidado autor. Esa es una pregunta incómoda. Si no se me cree, intenta hacerla y lo comprobarás.

Hace ya algunos unos años, demasiados, intenté indagar lo que un pastor evangélico cobraba –o contratados por las mal llamadas organizaciones “paraeclesiales”-, y en más de un caso me encontré con el silencio como respuesta, o una explicación, por decirlo suave, algo confusa. Vamos que me fue imposible realizar la investigación que me había propuesto.

Una cosa me quedó meridianamente clara: las iglesias evangélicas, en su inmensa mayoría, transparentan la sociedad en la que vivimos en relación con la desigualdad salarial entre sus ministros religiosos. Todo dependerá del número de miembros de la comunidad contratante y su capacidad económica. Aparte de eso, el despido libre y sin acceso al seguro de desempleo (ni privado, ni público) es un hecho incontestable entre los que se dedican al trabajo pastoral. El mundo eclesial evangélico transparenta una forma de capitalismo salvaje que pudiera ser la envidia de algunos ideólogos ultraliberales.

Desde la información que poseo me atrevo a afirmar que el sueldo que cobra un pastor o pastora evangélico oscila entre los mil y los dos mil euros (me consta que algunos están por debajo de los mil, y otros superan los dos mil con creces –los menos-). Es decir la desigualdad económica entre los pastores y pastoras evangélicos es un hecho, y eso no se cuestiona –al igual que no se cuestiona la escandalosa desigualdad salarial en nuestro entorno social-, sino que se asume como lo normal en el espacio eclesial evangélico. Y no olvidemos que, en la inmensa mayoría de los casos, el pastor o pastora evangélica –como cualquier hijo de vecino- tiene una familia detrás.  En mi opinión esa desigualdad económica es un escándalo.

En otro orden de cosas, no menos importantes, si acaso más, en el caso de los pastores y pastoras, la libertad de reflexión y de pensamiento queda cercenada. La actividad de reflexión teológica y ética del pastor queda ligada a la confesión de fe de la comunidad que le contrata. Si el pastor deriva hacia posturas progresistas en lo teológico y en lo moral (aunque sea de una forma tímida), con toda probabilidad, se le mostrará la puerta de la calle como premio a su desvarío teológico.

Lo digo sin ánimo de cuestionar a nadie, pero mejor no preguntes acerca de cuestiones espinosas a tu pastor o pastora, porque simplemente te responderá  de una forma políticamente correcta, o entrará en una espiral de palabras confusas. Esa es la realidad en la que vivimos. El puesto de trabajo está en juego si la respuesta va en una línea no adecuada a las  convenciones teológicas o morales propias de la comunidad contratante.

La situación eclesial que esbozo en la “opinión falible” que expongo es generadora de multitud de enfermedades socioeeclesiales, que acaban minando el espíritu de los miembros de nuestras comunidades, y evidentemente el espíritu de nuestros pastores y pastoras. Un espíritu que puede ser adjetivado, sin  género alguno de duda, de competitivo y fomentador de miedos (2 Tim. 2:7). Pero ello será materia de otra reflexión.

Soy de los que piensa que nuestra realidad eclesial debe ser transformada para mostrar otro modelo de ser iglesia más acorde con el Evangelio. Un modelo de ser Iglesia que sea iluminada por los valores del reino de Dios. Un modelo de iglesia donde no haya creyentes de primera y de segunda, donde no existan pastores de primera y de segunda.  Un modelo de iglesia solidario e igualitario, donde la piedad no es tomada como fuente de ganancia (1Ti. 2:5). Un modelo de iglesia donde se muestre respeto a la libertad de pensamiento en el marco del amor, la justicia y la misericordia”.

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Escrito por Ignacio Simal Miércoles, 15 de Junio de 2011 11:56

Tomado de: http://www.simal.es/index.php?option=com_content&view=article&id=164%3Acuando-las-iglesias-son-mundo&catid=34%3Abiblia&Itemid=63

 

Una paloma blanca

Se acercó a mí lentamente y algo cabizbajo, no más de un metro entre su naricita y el suelo, pelito colorado, remera de hermano mayor y un desprolijo pantalón con remiendos en la rodilla. Las manos atrás, en claro gesto de esconder algo… ¿Usted es el pastor? fue el primer disparo a quemarropa y sin presentación. Se detuvo a unos metros como dispuesto a no acercarse si no recibía contestación.

Yo lo miraba fijamente mientras asentía con la cabeza. El Pedro es mi amigo… y viene a religión; dice que usted le enseño que el Espíritu Santo es una paloma… una paloma blanca…

En toda esta balbuceante frase me miró fijamente a los ojos, tratando de ver si era verdad lo que le contó su amigo. Me acerqué unos pasos hacia él y me senté; lo invité con el gesto de marcarle el lugar en un banco. Continuaba mirándome.

Y… ¿qué más te contó el Pedro?… Que usted les lee La Biblia y ellos juegan y se empujan… y después juegan a la pelota y… ¿Qué es el Espíritu Santo?… Porque el Pedro dice que es Dios… ¡Qué va ser!…

Ahá…¿y a vos que te parece? ¡Eso es un cuento del Pedro! Dios no puede ser una paloma blanca.

Noté que de repente el coloradito bajaba la cabeza y apretaba más contra su espalda aquello que sus manos ocultaba, hasta me pareció que su voz se quebraba en aquella última frase. Lo invité a nuevamente a sentarse, ahora con el gesto y la palabra, y aceptó; aunque no muy cerca mío.

Lo miré con toda la ternura que me despertaba y nuestras miradas se cruzaron por un fugaz instante. Le brotó un llanto que, hasta ese momento, había sido contenido. Me apreté a él y lo abracé.

¡Vamos coloradito!… ¿Qué te pasa? Yo… yo maté una paloma blanca, dijo entre sollozos… siempre le tiro a los gorriones…pero ¡ni de cerca!… pero a la paloma le dí justito… Dejó caer su cabecita sobre mi rodilla y estalló en llanto. De sus apretujadas manos cayó aquella honda rudimentaria. Dejé de hablar y sólo lo acariciaba.

Lo sentía llorar y me angustiaba aquel pequeño. Me fui perdiendo en imágenes y pensamientos que me surcaban a mil…

¿Cuantas palomas blancas habremos matado los hombres? ¿Alguna vez lloramos por ello? ¿Una sola vez nos habremos arrepentido?

 

Por Adolfo A. Pedroza. Rosario. Santa Fe.
+ (PE) Nota. Enviado por el autor a Prensa Ecuménica/Ecupres (http://www.ecupres.com.ar/) con la observación de que fue publicado originalmente en la Red Latinoamericana de Liturgia CLAI (http://www.webselah.com/source/red-latinoamericana-de-liturgia-clai).